Pero hoy queremos hablar de alguien mucho más
"exótico", mucho más desconocido. Se trata de un húngaro que vivió en
la primera mitad del atormentado –y
añorado– siglo XX. Se llamaba Attila József y los trazos de su breve
biografía son desgarradores.
Nació en los arrabales de Budapest, en 1905,
hijo de un brutal padre alcohólico y una lavandera. Es curioso constatar que Stalin tuvo progenitores
de idéntica índole; pero mientras que el padre de este acabó reventando de una
borrachera en un callejón, el de József prefirió, cuando Attila tenía tres años, abandonar a su familia, huyendo a Transilvania
(amplia región de habla húngara enclavada en Rumanía, cuya capital es Timişoara,
en húngaro Temesvár). Su madre tenía que lavar y hacer de criada para ganarse
el pan, pero la miseria de la familia
era tal que la Asistencia Pública tuvo que hacerse cargo del pequeño Attila,
siendo dado en acogida en una aldea campesina. Hasta cumplir 7 años se pagó el sustento
cuidando cerdos.
Nemzett József Áron,
szappanfőző, aki már
a Nagy Óceánon
szagos füveket kaszál.
szappanfőző, aki már
a Nagy Óceánon
szagos füveket kaszál.
Megszült Pőcze Borcsa,
kit megettek a fenék,
gyomrát, hasát sorba,
százláb súroló kefék.
kit megettek a fenék,
gyomrát, hasát sorba,
százláb súroló kefék.
Aarón József me
engendró,/ jabonero que en el mar/ un día se fue a segar/ hierbabuena y no
volvió./ Bárbara Pőcze me parió,/ pero un terrible ciempiés,/el cáncer, vino después/y el
vientre le devoró.
El estallido de la I Guerra Mundial, la
Revolución Húngara de 1919 (encabezada por Béla Kun, fusilado por Stalin en
1939, ‘rehabilitado’ en 1958; György Lukács y Béla Bartók formaron parte de
aquella breve administración revolucionaria) y su posterior aplastamiento por
la intervención extranjera fueron los escenarios de su infancia.
"Contaba
nueve años de edad cuando estalló la guerra mundial. Nuestra suerte empeoraba
sin cesar. Tenía que hacer cola frente a las tiendas. A veces yo tomaba mi
turno en la tienda de víveres a las nueve de la noche, y a las siete y media de
la mañana, cuando llegaba mi número, se reían en mis narices diciéndome que ya
no había aceite. (...) Ayudaba a mi madre como podía. Vendía agua en el cine
Világ. Para calentarnos robaba carbón y madera en la estación de Ferencváros.
(...)."
(Curriculum Vitæ, 192...)
Muerta también su madre, (hay dos poemas
dedicados a ella que no pueden ser leídos sin que un nudo te oprima la garganta)
ingresó en la escuela pública. Sus brillantes resultados escolares le hicieron
merecedor de una beca, que le permitiría cursar Magisterio. No pudo graduarse porque, un miembro del tribunal,
agitando un periódico, gritó algo así como "¡No podemos encomendar la
educación de nuestros hijos a alguien que escribe un poema así!". El poema, uno de los mejores de József, se
titulaba Tiszta szívvel (Con el
corazón inocente).
Nincsen apám, se anyám,
se istenem, se hazám,
se bölcsőm, se szemfedőm,
se csókom, se szeretőm.
se istenem, se hazám,
se bölcsőm, se szemfedőm,
se csókom, se szeretőm.
Harmadnapja nem eszek,
se sokat, se keveset.
Húsz esztendőm hatalom,
húsz esztendőm eladom.
se sokat, se keveset.
Húsz esztendőm hatalom,
húsz esztendőm eladom.
Elfognak és
felkötnek,
áldott földdel elfödnek
s halált hozó fű terem
gyönyörűszép szívemen.
áldott földdel elfödnek
s halált hozó fű terem
gyönyörűszép szívemen.
No tengo padre
ni madre, /no tengo ni Patria ni Dios, /ni cuna ni sudario, /ni un beso, ni un amor. /Ni mucho ni poco, /llevo tres
días sin comer. /El poder de mis veinte años /se lo vendo al mejor postor. /Robaré,
inocente el corazón, /y, si es preciso, mataré. /Seré atrapado y luego
ahorcado; /la santa tierra me acogerá, /y a mi corazón inocente/ hierba fatal le
crecerá.
Eran los años del terror blanco, de la Hungría reaccionaria y clerical regida por el
almirante Horthy (un almirante en un país sin mar: fue el último jefe de la flota austrohúngara, que sí tenía
una pequeña franja costera en el Adriático). Volando hacia Budapest, un húngaro
afincado en la Costa Brava, dedicado al lucrativo negocio de las antigüedades y
que huyó de su país tras la revuelta de 1956, me decía con orgullo que Horthy
era el Vezér. Vezér, como pude averiguar más tarde, es
la palabra húngara equivalente a Führer,
Duce o Caudillo. Curiosamente,
también sirve para designar a la dama del ajedrez (‘visir’ o primer ministro).
En estas duras condiciones, Attila József logró
un empleo como traductor de francés en el Ministerio de Comercio, sin que la
penuria y las privaciones le abandonaran nunca. Más como actitud ética que por
convencimiento ideológico, se afilió al clandestino Partido Comunista (en una
época en que esa militancia suponía de ordinario la muerte).
Munkások (Obreros),
1932
Elvtárs és spicli jár a
csöndben erre,
részeg botlik, legény bordélyba lóg,
mert hasal az éj s pörsenéses melle,
mint szennyes ingből, füst alól kilóg.
Igy élünk mi. Horkolva alszunk s törten,
egymás hátán, mint odvas farakás
s hazánk határát penész jelzi körben
a málló falon; nedves a lakás.
részeg botlik, legény bordélyba lóg,
mert hasal az éj s pörsenéses melle,
mint szennyes ingből, füst alól kilóg.
Igy élünk mi. Horkolva alszunk s törten,
egymás hátán, mint odvas farakás
s hazánk határát penész jelzi körben
a málló falon; nedves a lakás.
Camaradas y
soplones cruzan el silencio, /un borracho tropieza, un joven se cuela en el
burdel. /El cielo nocturno, de bruces, con su camisa sucia, /descubre su pecho
lleno de ronchas, bajo el humo. /Así vivimos. Dormimos, roncamos, destrozados,
espalda contra espalda como un montón de leños carcomidos, /y a nuestro
alrededor, en la pared ruinosa del húmedo
/y frío antro, el moho marca nuestras fronteras nacionales.
En 1937, acabó con su vida arrojándose al tren.
Tenía 32 años.
Mucho después, en los años cincuenta, un
escritor rumano descubrió a un anciano que resultó ser el padre de Attila. El
viejo murió a los pocos meses, sin haber leído un solo verso de su hijo, de
quien ni siquiera había oído hablar. Para entonces, Attila József era
considerado por la crítica como uno de los mejores poetas húngaros de todos los
tiempos. En la Hungría de hoy, decenas de calles, bibliotecas e institutos llevan su nombre.
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